En Busca de la Verdad
 
Esta es una historia de ficción, los personajes, sus nombres, lugares, relatos y hechos, que se describen en la narración son ficción, cualquier parecido con la realidad y personas fallecidas o vivas y/o hechos reales es pura coincidencia

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ISBN 978-987-33-4848-8

Página 3

Solange le dice: –El juego no, pero los que quieren saber algo sí.
–Por favor, dejá de ver películas –responde la madre.

Al otro día Olga llama a una agencia de mucamas para pedir que le envíen dos chicas por seis horas diarias, por dos meses, hasta que se reponga Estela.
Estela manda a su hija a comprar una cartulina celeste y marcador negro para preparar todo y hacer el juego de la copa. Quiere hablar con su hijo. Una vez hecho todo, Alberto y Estela manejan la copa y Celeste escribe lo que sale. El espíritu le dice que tiene que esperar una semana para comunicarse con Sebastián; pero el espíritu sigue y pregunta:
–Estela, por qué nunca has dicho que Sebastián nació de ti sin contacto alguno con un hombre. Ella quita la mano de la copa y grita: –¡Quién sos, quién sos! El padre es Alberto, que lo crió como propio, y Celeste creía que eran hermanos del mismo padre. Estela lo mira a Alberto y le dice: –Tuve miedo. Alberto la abraza con amor. Celeste dice: Mamá, seguimos a ver qué pasa. Prosigue el espíritu: –A Sebastián lo mataron por un secreto, y a Fabiana también; el profesor les tendió una trampa y se siente mal, porque no le dijeron que los matarían. También van a morir los otros cuatro compañeros de Sebastián y nadie puede impedirlo.
Les dio miedo y no quisieron saber más.
Al mes y medio Celeste va a la escuela y se entera de que los amigos de su hermano murieron en accidentes distintos, y el profesor murió del corazón. Vuelve a la casa y se lo cuenta a la madre. Estela se desespera y le pide a Alberto que hagan la copa; éste se rehúsa.
Estela va a la casa de Olga, le pide hablar a solas con ella. La señora la lleva a su habitación. Estela le cuenta todo, pero Olga no puede creer que una

cartulina con una copa dada vuelta escriba cosas así. Estela le pide ayuda para hacer la copa; la mujer le dice que no. Estela le ruega que lo haga para hablar con Sebastián, a quien ella quería mucho. Se abre la ventana y aparece Sebastián, traslúcido, y se sonríe. Se quedan calladas y nerviosas; entonces accede a ayudarla. Van a la casa de Estela, Celeste prepara todo, colocan sus dedos allí y en ese momento tiembla la mesa. Se alejan, tienen miedo, pero vuelven a intentarlo. La copa gira velozmente, no entienden qué dice, hasta que se cae. Celeste trae otra copa; comienzan nuevamente y oyen: –Hola mamá.
Estela,con alegría, comienza a gritar: –¡Hijo mío, hijo mío! ¿Qué te pasó?
–Mamá, estoy bien, pero fue muy feo y doloroso. Querían que les dijera que Dios encarnado era yo, y estoy orgulloso, no dije nada. Aunque tampoco lo sabía, Fabiana está conmigo, y mis amigos también.
Va tan fuerte la copa que se rompe; Olga no puede creer todo esto y le dice a Estela que espere, que ella va a comprar otras copas. Olga no podía creer todo lo que acababa de vivir.
Va a una imprenta conocida por ellos y le pide a Saúl Krisch, el imprentero, que haga un pliego celeste, con el alfabeto en forma de círculo y los números del 0 al 9 arriba, y si puede encargarse de enmarcarlo con vidrio, con el marco elevado.
–Sí –contesta él– disculpe, ¿usted va a hacer la copa?
–No es para mí, pero pido discreción –balbucea ella.
–Así será –dice él y agrega–, ya varios vinieron y pidieron esto; es común en los estudiantes.
Ella lo mira y se va.
Olga vuelve a su casa sin saber qué decir o hacer; en ese momento suena el teléfono. Es Agustín, desde los EE UU., adonde se fue a hacer un postgrado en abogacía, para decirle a la madre que está bien y que volvería en dos meses.
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