En Busca de la Verdad
 
Esta es una historia de ficción, los personajes, sus nombres, lugares, relatos y hechos, que se describen en la narración son ficción, cualquier parecido con la realidad y personas fallecidas o vivas y/o hechos reales es pura coincidencia

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ISBN 978-987-33-4848-8

Página 2

Un jueves por la noche, Sebastián va a la escuela, como de costumbre, pero no vuelve a la casa. Llaman a sus amigos, a la novia; nadie sabe nada. Dicen que salió de la escuela como siempre y se iba para su casa. Van a la policía y dejan los datos, aunque tiene que estar perdido veinticuatro horas para la búsqueda. Al otro día, a las cuatro de la tarde del sábado, llama la policía diciendo que encontraron a un adolescente con la descripción de Sebastián, que está en la morgue; tendrían que ir a reconocer el cuerpo. Estela, su madre, no podía creerlo. Celeste va corriendo a contárselo a Olga, quien se ofrece a llevarlos; avisa a Santiago por el celular ya que éste se encontraba jugando tenis con sus amigos. La morgue es un lugar gélido, da escalofríos ingresar. Se les acercan un médico forense y un policía, las acompañan hasta una camilla adonde hay un cuerpo cubierto con una sábana con manchas de sangre; cuando se corre la sábana se descubre el horror de ver a Sebastián muerto, cortado por todas partes y golpeado. La madre comienza a gritar desesperadamente.
¡No, no, no puede ser mi hijo querido! Alberto trata de calmarla y Olga se larga a llorar diciendo: Lo conozco desde los tres años es, era un chico dulce, adorable, trabajador, estudioso, por qué le pasó esto. El policía la mira y le dice que posiblemente fue un robo, los ladrones estaban drogados, por eso será que se desquitaron al no encontrar dinero. Se vuelven a la casa a esperar que les entreguen el cuerpo para velarlo; no lo pueden creer, Olga le dice a Estela que se va a encargar del velatorio y del cementerio, ya que tienen bóvedas, y le dice a Celeste que llame a la novia de Sebastián y a los familiares. Celeste sufre un ataque de nervios y se desvanece.

Llega Santiago y Olga le cuenta lo sucedido; entonces él va a la policía para ver qué más averigua. Allí le dicen lo mismo; que no hubo testigos, que no pueden hacer nada, y que ellos también se sienten mal por no poder ayudarlos. Celeste, ya más calma, comienza a llamar a los parientes. Cuando llama a Fabiana, la novia de Sebastián, ella llora y balbucea: –Lo mataron, lo mataron– y corta. Celeste se pone peor y se lo cuenta a la madre, quien entra en una crisis nerviosa. Olga llama al médico y le dan un calmante a Estela para que duerma. Al otro día, domingo, después de la autopsia les entregan el cuerpo para que lo velen a cajón cerrado por los daños sufridos. Celeste avisa nuevamente a todos. Cuando llama a Fabiana, se entera de que, después de avisarle lo de Sebastián, ella se puso nerviosa, salió corriendo por la calle y un
camión a alta velocidad la atropelló. Murió en el acto. Otra tragedia. Celeste se lo cuenta a Olga, y a los demás, todos se ponen mal, incluso los hijos de Olga que estaban allí. Llegan al velatorio los amigos de Sebastián.
Celeste llora y le dicen: –No te asustes, tenemos que decirte algo, pero tenemos miedo. Los chicos le dicen a Celeste que ellos hacían el juego de la copa en la escuela, y el espíritu les dijo cosas; que Sebastián era la reencarnación de un Dios egipcio, su novia era su esposa, y sus verdaderos padres estaban muy cerca de él. Dejaron de hacerlo porque un profesor los descubrió y trajo a un extraño; ellos se asustaron. Luego iban al velatorio de Fabiana.
Celeste no lo pudo creer; se acerca al ataúd y en forma fantasmal Sebastián le dice sí con la cabeza y desaparece.
Se van todos al cementerio de la Recoleta a darle el último adiós a Sebastián. Regresan a la casa. Celeste le cuenta a la madre de lo sucedido, ella se pone más nerviosa. Solange sin querer escuchó lo que le dijeron a Celeste y se lo cuenta a Olga. –Hija mía, tenemos educación, no vas a creer que un juego pueda matar a alguien.
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