En Busca de la Verdad
 
Esta es una historia de ficción, los personajes, sus nombres, lugares, relatos y hechos, que se describen en la narración son ficción, cualquier parecido con la realidad y personas fallecidas o vivas y/o hechos reales es pura coincidencia

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ISBN 978-987-33-4848-8

Página 4

Olga, después de una semana, busca el pliego todo armado como pidió, va a la cristalería y compra una docena de copas lindas y chicas, espera que funcione.
Contenta va a ver a Estela, llevándole lo que hizo preparar, que por cierto es pesado. Cuando Estela ve eso no lo puede creer, la abraza y le da las gracias. Llama a Celeste y se preparan. Comienzan.
Sebastián dice: –Mamá, te quiero mucho, pero por qué no le contaste a Olga cómo nací yo. Se interrumpe. Estela le cuenta que quedó embarazada sin que ningún hombre la tocara, lo tuvo sola, y un día va a la plaza a llevar al niño, conoce a Alberto, pero le dice que el padre no quiso saber nada. Alberto la ayuda; se enamoraron y él nunca preguntó nada.
–Vinimos a trabajar a su casa y ya estaba embarazada de Celeste.
Cuando nació, Alberto le dio el apellido también a Sebastián–. Lloran las tres y continúan.
–Madre, te dije que te quiero mucho, pero ahora sé la verdad, eres mi nodriza, porque mi madre verdadera eres tú, Olga.
Olga quita la mano de la copa; Estela le pide que ponga su dedo de nuevo, hay que saber por qué dijo esto.
–Madre mía, te busqué, pero no sabía que eras tú, no te asustes.
Ustedes dos son hermanas gemelas, aunque no lo crean; yo las quiero a
ambas, y a ti Celeste, que fuiste buena hermana; pero tengo que decirles que Celeste no escriba más, lo hará por ahora Santiago Molina Torres.
–¡No!, él no sabe nada de esto, es más, ni me creería –exclama Olga.

Vuelven a colocar los dedos índices.
–Sí, te va a creer, díselo, y Celeste que siempre esté en mis coloquios.
Adiós.
Olga no sabe cómo decírselo al marido. Después de cenar, cuando se van a su habitación, Santiago le dice: –Estás nerviosa, no hablaste, no comiste, y eso en vos es muy raro; qué te pasa mi rosa roja.
Olga lo abraza y comienza a contarle todo. Santiago reacciona, reacio a esto, y le dice: –Yo entiendo que estés mal por Estela y su hijo, pero que hagas esto y lo creas, no sé, no sé.
Olga le pide: –Por favor, ayúdame, una vez sola te lo pido, por
nuestro amor, por nuestros hijos, mira si le pasara algo así a alguno de nuestros hijos, por favor. ¿Cómo explicas que Sebastián apareció ante nosotras, y luego desapareció?
–Nunca te vi así, nunca pediste nada. Bueno, una sola vez –accede Santiago..

Llega el sábado, todos los hijos salen, entonces Olga llama a Estela y a Celeste, que lleven todo al comedor grande. Santiago tiene un cuaderno y una lapicera.
Estela y Olga comienzan.
–Soy Sebastián, gracias por venir Santiago; lo que dije es cierto.
Estela y Olga son gemelas, de un antepasado en otra vida, y en ésta se volvieron a juntar aunque no en la misma familia. Madre mía, dile a Santiago que esto es verdad y que él es mi verdadero padre augusto.
Padre mío, lo crea o no, miren la copa, saquen sus dedos de la copa.
De ella sale una luz maravillosa, asciende unos treinta centímetros de la mesa, parece imposible lo que ven; desciende suavemente envuelta en esa luz

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